Artemisa, la comidilla de todo Skyrim se encontraba de visita en frio y bonito puerto de Lucero el Alba. Vistitaba las minas, la tienda de alquimia, incluso charlaba con sus gentes buscando información a cerca de la Puerta Negra. Toda una jornada de lo más normal en las tierras de Skyrim, nada hacía augurar lo que pronto acontecería.
De pronto cuando se dirigía hacia la mina de hierro su Cota de ébano se ennegreció en señal de peligro y el rugido de un temible dragón anciando lo confirmó. Rápidamente espada y escudo en mano fue a por él. Era un dragón escurridizo, lanzando llamas desde donde Artemisa no podia alcanzarlo. No tardó mucho en aterrizar frente a ella para comérsela. Fué su último error, de un sablazo ella le arrebató el alma.
Las gentes del pueblo se acercaron corriendo, aclamando a la Sangre de dragón por su echa, pero no estaban todos, faltaba alguien. No muy lejos yacía el cuerpo de Rustleif, el herrero del pueblo, -pobre hombre - pensó Artemisa - no hace nada que acababa de hablar con su mujer Seren, iré a darle la mala noticia >.< .
Se dirigió hacia la herrería que compartía la feliz pareja cuando allí la vio, el cadaver de la Herrera cuya vida tambien había sido sasgada por el dragón.
Si solo hubiera muerto uno de los dos hubiera cargado una partida anterior, pero habiendo muerto juntos ya no es tan triste, ahora estarán juntos para siempre ^^
Y así acabo la jornada para Artemisa, ahogando las penas en Hidromiel de Spino Negro, al fin y al cabo, este es el día a día para un Sangre de Dragón...











